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21 julio 2015

Los jóvenes que despiertan al amanecer (fragmento), de "Androgyne mon amour" (Ernest Hemingway).


Ernest Hemingway nació el 21 de julio de 1899.



Los jóvenes que despiertan al amanecer pueden asustarse de ser expulsados con demasiada rapidez de sus protectores sueños de una madre, no recordados. Repentinamente, entonces, pueden sentir la verdadera enormidad de la exposición a la casualidad. La mañana que recién comienza, está colmada de demandas susurradas que ellos sospechan no poder satisfacer. ¿Y en quién pueden confiar suponiendo, temerariamente, que todavía sean capaces de confiar sino en alguien (tú) cuyo nombre ha regresado a la confusión de muchos nombres de anoche?. Te miran con precaución mientras te das vueltas y suspiras en sueños. Están envidiosos de ti, de tu sueño, que todavía te protege de los susurros que se hacen más audibles cada instante. Se sientan, con cuidado, en el borde de tu cama, agobiados y temblorosos como viejos sentados en los bancos, tosiendo con tos de fumadores… Pregunta: Si no estuvieras durmiendo ¿los llevarías otra vez contigo al cálido olvido, o, si te despertaras en este momento, acaso ellos no serían para ti tan sin nombre como tú para ellos, y aun menos confiables? Probablemente sí, ya que el recelo es, entre las divisas heráldicas del escudo de tu corazón, la que parece más indeleble, como si estuviera tallada allí, o grabada a fuego. ¿Qué les queda por hacer entonces, más que sentarse cuidadosamente al borde de tu cama, mirando de soslayo la prisión de luz que ha traído la mañana? ¿Será mejor a las diez que a las siete? Otra pregunta cuya respuesta, equívoca, espera en el magistral tictac del reloj, de tantos, tantos relojes. Y así, sin que nadie haya pronunciado sus nombres ni haya tocado sus cuerpos agobiados, descienden otra vez al misterio de la cama, tras haber cerrado los postigos para dejar atrás el día un atardecer más.

18 junio 2015

Fragmento de "El hombre duplicado" (José Saramago).

5 años ya sin José Saramago.



El alma humana es una caja de donde siempre puede saltar un payaso haciéndonos mofas y sacándonos la lengua, pero hay ocasiones en que ese mismo payaso se limita a mirarnos por encima del borde de la caja, y si ve que, por accidente, estamos procediendo según lo que es justo y honesto, asiente aprobadoramente con la cabeza y desaparece pensando que todavía no somos un caso perdido.

10 junio 2015

Fragmento de "Adiós Hemingway" (Leonardo Padura).

El cubano Leonardo Padura ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015. 



De cualquier modo, a su lado no quería ni a escritores ni a políticos. Y por eso se negaba, cada vez más, a hablar de literatura. SÍ alguien le preguntaba sobre sus trabajos apenas decía: «Estoy trabajando bien», o si acaso: «Hoy escribí cuatrocientas palabras». Lo demás no tenía sentido, pues sabía que cuanto más lejos va uno cuando escribe, más solo se queda. Y al final uno aprende que es mejor así y que debe defender esa soledad: hablar de literatura es perder el tiempo, y si uno está solo es mucho mejor, porque así es como se debe trabajar, y porque el tiempo para trabajar resulta cada vez más corto, y si uno lo desperdicia siente que ha cometido un pecado para el cual no hay perdón. Por eso se había negado a viajar hasta Estocolmo para asistir a una ceremonia tan insulsa y gastada como la de recibir el Premio Nobel. Era una lástima que aquel premio se concediera sin uno solicitarlo y que rechazarlo pudiera considerarse una pose de mal gusto y exagerada: pero fue lo que deseó hacer, pues aparte de los treinta y seis mil dólares tan bienvenidos, no le importaba demasiado tener un galardón que exhibían gentes como Sinclair Lewis y Faulkner, y de haberlo rechazado su aureola de rebelde habría tocado las estrellas. La única satisfacción de aquel premio era contar con los dedos los otros autores que no lo habían recibido: Wolfe, Dos, Caldwell, el pobre Scott, la invertida de Carson McCullers, esa hiperbólica sureña capaz de exhibir sus preferencias sexuales bajo una gorra de jugador de béisbol. Y también, claro está, el placer de saber que como escritor uno ha tenido la razón. Pero de ahí a comprar un traje de etiqueta y viajar medio mundo nada más que para lanzar un discurso, había un abismo que él no podía saltar. Adujo problemas de salud, debidos a los desastres aéreos sufridos en África, y cuando recibió el cheque y la medalla de oro, pagó deudas, le envió algún dinero a Ezra Pound, recién salido del manicomio, y entregó la medalla a un periodista cubano para que la depositara en la capilla de los Milagros de la Virgen de la Caridad del Cobre: era un buen gesto, al cual se le dio excelente publicidad, y que lo mejoraba con los cubanos, tan noveleros y sentimentales, y también con el más allá, todo de un solo golpe.

14 abril 2015

Fragmento de "El libro de los abrazos" (Eduardo Galeano).


Muere el escritor uruguayo Eduardo Galeano a los 74 años.



No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces del dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña Muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña Muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

"Glóbulos rojos", de "Entre lo cotidiano de existir" (Günter Grass).

Muere el premio Nobel alemán Günter Grass a los 87 años.


Pero desnuda y reducida sólo a proporciones me das pena. Por eso intento cambiarte de sitio la rodilla. Tu espinazo cóncavo me da qué pensar. No comprendo por qué eres tan fea ni por qué soy incapaz de apartar de ti la vista y mirar, por ejemplo, el campo verde o el río, que son tan naturales y no tienen clavículas. Te quiero lo que puedo. Voy a componer un ballet para tus glóbulos, los rojos y los blancos. Cuando caiga el telón te tomaré el pulso y veré si el esfuerzo ha merecido la pena.

25 febrero 2015

Fragmento de "A las orillas del Sar" (Rosalía de Castro).


 178 aniversario del nacimiento de Roslía de Castro.



En los ecos del órgano o en el rumor del viento,
en el fulgor de un astro o en la gota de lluvia,
te adivinaba en todo y en todo te buscaba, 
sin encontrarte nunca. 

Quizá después ha hallado, te ha hallado y te ha perdido
otra vez, de la vida en la batalla ruda,
ya que sigue buscándote y te adivina en todo,
sin encontrarte nunca. 

Pero sabe que existes y no eres vano sueño,
hermosura sin nombre, pero perfecta y única;
por eso vive triste, porque te busca siempre 
sin encontrarte nunca.

25 noviembre 2014

Fragmento de "Coto vedado" (Juan Goytisolo).

Juan Goytisolo, premio Cervantes 2014.


Proseguí mis visitas a los prostíbulos más baratos y concurridos, guiado por una subterránea afinidad a aquel universo áspero, sórdido, destemplado, pero investido a mis ojos de una coherencia y estímulo que reducían por contraste a las figuras y paisajes de la familia, colegio y universidad a las proporciones de una vetusta, polvorienta vitrina de mueble burgués, atestada de abanicos, muñecos y cachivaches: una imagen brutal, sin artificio, de la sociedad descompuesta y en ruinas en la que duramente sobrevivía el pueblo llano de la capital.

29 octubre 2014

Fragmento de "La ciudad de la niebla" (Pío Baroja).




Ahora, el autor, al tomar la pluma de su heroína y seguir escribiendo, quisiera poder resarcir a sus lectores de las descripciones pesadas y de las digresiones insignificantes, dándoles una impresión de claridad y de fuerza, de serenidad y de confianza en la vida, como cualquier escritor del Renacimiento. Quisiera pintar como una novedad la cita de los amantes que se hablan a la luz de la luna, en el parque poblado de blancas estatuas; la terquedad del padre anciano de las largas barbas; la intensa maldad del traidor, cuyo aliento ponzoñoso envenena las estrellas; la suspicacia del marido torturado por el horrible aguijón de los celos, y la cautela de la esposa adúltera que busca a su amante en el oscuro seno de la noche. Quisiera también cantar con palabras brillantes y entonadas el furor de los ejércitos, la entrevista de los guerreros, el conciliábulo de los asesinos siniestros y el espectáculo del campo de batalla, con los ríos teñidos de sangre y las montañas de muertos exhalando la peste. Luego de vestir las figuras a la moderna y de moverlas bajo el sol de nuestros días o bajo los rayos de la luz eléctrica, el autor, con una mutación un tanto teatral, pintaría la paz solemne del campo, el pastor que conduce su ganado mientras en el azul del crepúsculo tiembla una estrella de plata, y la mañana luminosa, cuando la alondra levanta su vuelo y hace oír en la serenidad del aire las notas agrias y desacordes de su canto. En este ambiente de luz pondría el dulce idilio del joven que marcha por la vida como un corcel desbocado y de la pálida virgen que con sus manos blancas y suaves como el plumaje de la paloma trata de detener su corazón, pájaro prisionero próximo a escapar de su pecho.

10 octubre 2014

Fragmento de "La calle de las tiendas oscuras" (Patrick Modiano).



Patrick Modiano ha sido galardonado con el premio Nobel de literatura 2014.

Hutte se acariciaba pensativamente la barba, una barba canosa, corta, pero que se le comía las mejillas. Los ojos saltones y claros miraban al vacío. A la izquierda del escritorio, la silla de mimbre en que me sentaba yo durante las horas de trabajo. Detrás de Hutte unas baldas de madera oscura cubrían la mitad de la pared; había en ellas guías telefónicas y anuarios de todo tipo y de los últimos cincuenta años. Hutte me había dicho con frecuencia que eran herramientas de trabajo insustituibles de las que no pensaba desprenderse nunca. Y que esas guías y esos anuarios formaban la más preciada y la más emotiva biblioteca con que pudiera contar nadie, pues sus páginas recogían multitud de seres y multitud de cosas y de mundos desaparecidos, de los que ya sólo esos tomos daban testimonio.

22 septiembre 2014

Fragmento de "La vida está en otra parte" (Milan Kundera).



El hombre que ha sido desterrado del refugio seguro de la infancia, quiere entrar en el mundo, pero, al mismo tiempo, le teme, y por eso crea con sus versos uno artificial, supletorio. Deja que sus poemas giren en torno a él, como las plantas lo hacen alrededor del sol; se convierte en el centro de un pequeño universo, en el que nada le es extraño, en el que se siente en su casa, como el niño dentro de la madre, pues todo está hecho de la misma materia que su alma. Allí es donde puede realizar todo eso que afuera es tan dificil; allí puede, como el estudiante Olker, ir con las masas proletarias a la revolución, y como el virginal Rimbaud, azotar a sus pequeñas amantes, pero esas masas y esas amantes no están hechas de la materia hostil de un mundo extraño, sino de la materia de sus propios sueños; son, por lo tanto, lo mismo que él y no interfieren la unidad del universo que ha construido para sí mismo.

10 septiembre 2014

Fragmento de “Invocación al insomnio” (Emil Cioran).



Antes de conocer el insomnio, yo era una persona casi normal. La pérdida del sueño fue una revelación para mí. Porque entonces me percaté de que la vida era soportable tan sólo gracias al sueño. Uno empieza cada mañana ya sea una nueva aventura o ya sea la misma, pero con interrupciones. En cambio, el insomnio suprime la inconsciencia, es decir, que uno se pasa las veinticuatro horas del día lúcido, y el hombre es demasiado débil para soportarlo. El insomnio es una especie de acto heroico. Es una lucha diaria que uno tiene perdida de antemano. Porque la vida solamente es posible gracias al olvido: es menester olvidar cada día para que la ilusión de una nueva vida, cada mañana, sea posible. En cambio, el insomnio nos obliga a vivir la experiencia de la lucidez, de la conciencia sin interrupción. Estamos en conflicto con todo el mundo, con todo ese mundo que duerme.

Fragmento de "Carta sobre el suicidio" (León Tolstoi).


La cuestión si el ser humano tiene -en general- el derecho de suicidarse, está mal planteada. En realidad el problema no se debe plantear respecto al "derecho": en el momento que el ser humano tiene la posibilidad de suicidarse, tiene también el derecho de hacerlo. Yo pienso que tal posibilidad de autodestruirse, que nos ha sido dada, representa una válvula de seguridad. Ya que el ser humano puede suicidarse, no tiene el derecho - y aquí tal término se encuentra en el lugar adecuado- de decir que la vida le es insoportable. Si la vida se nos deviene insoportable, podemos recurrir al suicidio; por lo tanto ninguno de nosotros puede lamentarse de la intolerable dureza de la propia vida. Fue dada al ser humano la capacidad de suicidarse, por lo tanto lo puede hacer, tiene el derecho de hacerlo. Y continuamente él mismo hace uso de este derecho, suicidándose en duelos, en guerras, con los excesos, o con el alcohol, el tabaco, el opio, etc. No se puede sólo preguntar si es razonable y moral -estos dos términos son inseparables- suicidarse. ¡No! Suicidarse es irracional, así como tallar los retoños de una planta que se quiere extirpar. Ésta no morirá, crecerá irregularmente, eso es todo. La vida es indestructible, está más allá del tiempo y del espacio. La muerte no puede más que cambiar la forma, poniendo fin a la manifestación en este mundo. Pero renunciando a la vida en este mundo, yo no sé la forma que ésta tomará de nuevo, si me será más grata y en segundo lugar yo me privo de la posibilidad de aprender y adquirir el provecho de mi yo, todo aquello que hubiese podido aprender en este mundo. Por otra parte y sobre todo, el suicidio es irracional porque, renunciando a causa del disgusto que ella me provoca, yo muestro tener un concepto errado de la finalidad de mi vida, suponiendo que sirve para mi placer, mientras ella tiene por finalidad, de un lado, mi perfeccionamiento personal y por el otro la cooperación a la obra general que se cumple en el mundo. Y es por esto que el suicidio es inmoral. Al hombre que se suicida, la vida le fue dada con la posibilidad de vivir hasta su muerte natural, a condición de ser útil a la obra general de la vida y él, después de haber disfrutado de la vida, hasta que le parezca agradable, ha renunciado a ponerla al servicio de la utilidad general, apenas le sea desagradable; mientras verosímilmente él empezaba a hacerla útil en el preciso instante en el cual su vida se endurecía, porque cada obra comienza con sufrimiento.

02 septiembre 2014

Fragmento de "La fiesta de la insignificancia" (Milan Kundera).



Desde hace algún tiempo, pienso mucho en el ombligo... 
Como si lo hubiera montado un director de teatro invisible, pasaron por delante de ellos dos jovencitas exhibiendo el ombligo con elegancia. Ramón se limitó a decir: 
—En efecto. 
Y Alain siguió en lo suyo: 
—Hoy en día se ha puesto de moda pasear así con el ombligo al aire. Dura como mínimo hace diez años. —Pasará como todas las modas. 
—¡Pero no olvides que la moda del ombligo inauguró el nuevo milenio! Como si, en esa fecha simbólica, alguien hubiera levantado una cortina que, durante siglos, nos hubiera impedido ver lo esencial: ¡que la individualidad es una ilusión! 
—Sí, sin duda, pero ¿qué relación ves con el ombligo? 
—En el cuerpo erótico de la mujer, algunos lugares son excelsos: siempre creí que eran tres: los muslos, las nalgas, los pechos. 
Ramón reflexionó y dijo: 
—Por qué no...
 —Y luego un día comprendí que hay que añadirles un cuarto lugar: el ombligo.

13 agosto 2014

"To the Virgins, to make much of Time" (Robert Herrick).



Gather ye rosebuds while ye may, 
Old Time is still a-flying: 
And this same flower that smiles to-day 
To-morrow will be dying. 

The glorious lamp of heaven, the sun, 
The higher he 's a-getting, 
The sooner will his race be run, 
And nearer he 's to setting. 

That age is best which is the first, 
When youth and blood are warmer; 
But being spent, the worse, and worst 
Times still succeed the former. 

Then be not coy, but use your time, 
And while ye may, go marry: 
For having lost but once your prime, 
You may for ever tarry.

30 julio 2014

Nocturno de San Ildefonso (Octavio Paz).




1

Inventa la noche en mi ventana
otra noche,
otro espacio:
fiesta convulsa
en un metro cuadrado de negrura.
Momentáneas
confederaciones de fuego,
nómadas geometrías,
números errantes.
Del amarillo al verde rojo
se desovilla la espiral.
Ventana:
lámina imantada de llamadas y respuestas,
caligrafía de alto voltaje,
mentido cielo/infierno de la industria
sobre la piel cambiante del
instante.

Signos-semillas:
la noche los dispara,
suben,
estallan allá arriba,
se precipitan,
ya quemados,
en un cono de
sombra,
reaparecen,
lumbres divagantes,
racimos de sílabas,
incendios giratorios,
se dispersan,
otra vez añicos.
La ciudad
los inventa y los anula.

Estoy a la entrada de un túnel.
Estas
frases perforan el tiempo.
Tal vez yo soy ese que espera al final del túnel.
Hablo con los ojos cerrados.
Alguien
ha plantado en mis párpados
un bosque de agujas magnéticas,
alguien
guía la hilera de estas
palabras.
La página
se ha vuelto un hormiguero.
El vacío
se
estableció en la boca de mi estómago.
Caigo
interminablemente sobre ese
vacío.
Caigo sin caer.
Tengo las manos frías,
los pies fríos
-pero los alfabetos arden, arden.
El espacio
se hace y se deshace.
La noche insiste,
la noche palpa mi frente,
palpa mis pensamientos.
¿Qué quiere?

2

Calles vacías, luces tuertas.
En una
esquina,
el espectro de un perro.
Busca, en la basura,
un hueso
fantasma.
Gallera alborotada:
patio de vecindad y su mitote.
México,
hacia 1931.
Gorriones callejeros,
una bandada de niños
con los
periódicos que no vendieron
hace un nido.
Los faroles inventan,
en
la soledumbre,
charcos irreales de luz amarillenta.
Apariciones,
el
tiempo se abre:
un taconeo lúgubre, lascivo:
bajo un cielo de hollín
la llamarada de una falda.
C’est la mort – ou la morte…
El viento
indiferente
arranca en las paredes anuncios lacerados.

A esta hora
los muros rojos de San Ildefonso
son negros y respiran:
sol hecho
tiempo,
tiempo hecho piedra,
piedra hecha cuerpo.
Estas calles
fueron canales.
Al sol,
las casas eran plata:
ciudad de cal y canto,
luna caída en el lago.
Los criollos levantaron,
sobre el canal
cegado y el ídolo enterrado,
otra ciudad
-no blanca: rosa y oro-
idea vuelta espacio, número tangible.
La asentaron
en el cruce de
las ocho direcciones,
sus puertas
a lo invisible abiertas:
el cielo
y el infierno.

Barrio dormido.
Andamos por galerías de ecos,
entre imágenes rotas:
nuestra historia.
Callada nación de las
piedras.
Iglesias,
vegetación de cúpulas,
sus fachadas
petrificados jardines de símbolos.
Embarrancados
en la proliferación
rencorosa de casas enanas,
palacios humillados,
fuentes sin agua,
afrentados frontispicios.
Cúmulos,
madréporas insubstanciales:
se acumulan
sobre las graves moles,
vencidas
no por la
pesadumbre de los años,
por el oprobio del presente.

Plaza del
Zócalo,
vasta como firmamento:
espacio diáfano,
frontón de ecos.
Allí inventamos,
entre Aliocha K. y Julián S.,
sinos de relámpago
cara al siglo y sus camarillas.
Nos arrastra
el viento del
pensamiento,
el viento verbal,
el viento que juega con espejos,
señor de reflejos,
constructor de ciudades de aire,
geometrías
suspendidas del hilo de la razón.

Gusanos gigantes:
amarillos tranvías apagados.
Eses y zetas:
un auto loco, insecto de
ojos malignos.
Ideas,
frutos al alcance de la mano.
Frutos: astros.
Arden.
Arde, árbol de pólvora,
el diálogo adolescente,
súbito
armazón chamuscado.
12 veces
golpea el puño de bronce de las torres.
La noche
estalla en pedazos,
los junta luego y a sí misma,
intacta, se une.
Nos dispersamos,
no allá en la plaza con sus trenes
quemados,
aquí,
sobre esta página: letras petrificadas.

3

El muchacho que camina por este poema,
entre San
Ildefonso y el Zócalo,
es el hombre que lo escribe:
esta página
también es una caminata nocturna.
Aquí encarnan
los espectros
amigos,
las ideas se disipan.

El bien, quisimos el bien:
enderezar al mundo.
No nos faltó entereza:
nos faltó humildad.
Lo que quisimos no lo quisimos con inocencia.
Preceptos y conceptos,
soberbia de teólogos:
golpear con la cruz,
fundar con sangre,
levantar la casa con ladrillos de crimen,
decretar la comunión
obligatoria.
Algunos
se convirtieron en secretarios de los secretarios
del Secretario General del Infierno.
La rabia
se volvió filosofía,
su baba ha cubierto al planeta.
La razón descendió a la tierra,
tomó
la forma del patíbulo
- y la adoran millones.
Enredo circular:
todos
hemos sido,
en el Gran Teatro del Inmundo;
jueces, verdugos, víctimas,
testigos,
todos
hemos levantado falso testimonio
contra los otros
y contra nosotros mismos.
Y los más vil: fuimos
el público que
aplaude o bosteza en su butaca.
La culpa que no se sabe culpa,
la
inocencia,
fue la culpa mayor.
Cada año fue monte de huesos.

Conversiones, retractaciones, excomuniones,
reconciliaciones,
apostasías, abjuraciones,
zig-zag de las demonolatrías y las androlatrías,
los embrujamientos y las desviaciones:
mi historia,
¿son las
historias de un error?
La historia es el error.
La verdad es aquello,
más allá de las fechas,
más acá de los nombres,
que la historia
desdeña:
el cada día
- latido anónimo de todos,
latido
único de
cada uno-,
el irrepetible
cada día idéntico a todos los días.
La
verdad
es el fondo del tiempo sin historia.
El peso
del instante que
no pesa:
unas piedras con sol,
vistas hace ya mucho y que hoy regresan,
piedras de tiempo que son también de piedra
bajo este sol de tiempo,
sol que viene de un día sin fecha,
sol
que ilumina estas palabras,
sol de palabras
que se apaga al nombrarlas.
Arden y se apagan
soles, palabras, piedras:
el instante los quema
sin quemarse.
Oculto, inmóvil, intocable,
el presente – no sus presencias- está
siempre.

Entre el hacer y el ver,
acción o contemplación,
escogí
el acto de palabras:
hacerlas, habitarlas,
dar ojos al lenguaje.
La
poesía no es la verdad:
es la resurrección de las presencias,
la
historia
transfigurada en la verdad del tiempo no fechado.
La poesía,
como la historia, se hace;
la poesía,
como la verdad, se ve.
La
poesía:
encarnación
del sol-sobre-las-piedras en un nombre,
disolución
del nombre en un más allá de las piedras.

La poesía,
puente colgante entre historia y verdad,
no es camino hacia esto o
aquello:
es ver
la quietud en el movimiento,
el tránsito
en la
quietud.
La historia es el camino:
no va a ninguna parte,
todos lo
caminamos,
la verdad es caminarlo.
No vamos ni venimos:
estamos en
las manos del tiempo.
La verdad:
sabernos,
desde el origen,
suspendidos.
Fraternidad sobre el vacío.

4

Las
ideas se disipan,
quedan los espectros:
verdad de lo vivido y padecido.
Queda un sabor casi vacío:
el tiempo
-furor compartido-
el
tiempo
- olvido compartido-
al fin transfigurado
en la memoria y sus
encarnaciones.
Queda
el tiempo hecho cuerpo repartido: lenguaje.
En
la ventana,
simulacro guerrero,
se enciende y se apaga
el cielo
comercial de los anuncios.
Atrás,
apenas visibles,
las
constelaciones verdaderas.
Aparece,
entre tinacos, antenas, azoteas,
columna líquida,
más mental que corpórea,
cascada de silencio:
la luna.
Ni fantasma ni idea:
fue diosa y es hoy claridad errante.

Mi mujer está dormida.
También es luna,
claridad que transcurre
- no entre escollos de nubes,
entre las peñas y las penas de los sueños:
también es alma.
Fluye bajo sus ojos cerrados,
desde su frente se
despeña,
torrente silencioso,
hasta sus pies,
en sí misma se
desploma
y de sí misma brota,
sus latidos la esculpen,
se inventa al
recorrerse,
se copia al inventarse,
entre las islas de sus pechos
es
un brazo de mar,
su vientre es la laguna
donde se desvanecen
la
sombra y sus vegetaciones,
fluye por su talle,
sube,
desciende,
en sí misma se esparce,
se ata
a su fluir,
se dispersa en su
forma:
también es cuerpo.
La verdad
es el oleaje de una respiración
y las visiones que miran unos ojos cerrados:
palpable misterio de la
persona.

La noche está a punto de desbordarse.
Clarea.
El
horizonte se ha vuelto acuático.
Despeñarse
desde la altura de esta
hora:
¿morir
será caer o subir,
una sensación o una cesación?
Cierro los ojos,
oigo mi cráneo
los pasos de mi sangre,
oigo
pasar el tiempo por mis sienes.
Todavía estoy vivo.
El cuarto se ha
enarenado de luna.
Mujer:
fuente en la noche.
Yo me fío a su fluir
sosegado.

29 julio 2014

Fragmento de "Las amistades peligrosas" (Choderlos de Laclos).




Ya se imagina vuestra merced que, como hacen todas las jóvenes, yo procuraba adivinar en qué consistía el amor y sus placeres; pero no habiendo estado nunca en el convento, no teniendo una buena amiga, y vigilada siempre por mi cuidadosa madre, no tenía sino ideas vagas... Mi cabeza sola fermentaba; no deseaba yo gozar sino saber, y el deseo de instruirme me sugirió los medios.

05 junio 2014

Fragmento de "El mar" (John Banville).

John Banville, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014.


Me asombra lo poco que ha cambiado en los más de cincuenta años transcurridos desde la última vez que estuve aquí. Me asombra, y me decepciona, e incluso diría que me aterra, por razones que se me hacen oscuras, pues ¿por qué iba a desear algún cambio, yo, que he vuelto para vivir entre los escombros del pasado? (...) Se supone que la vida, la auténtica vida, es una lucha, una acción y una afirmación inagotables, la voluntad embistiendo con su cabeza roma contra la pared del mundo, cosas por el estilo, pero cuando vuelvo la vista atrás me doy cuenta de que la mayor parte de mis energías se dedicaron siempre a la simple búsqueda de cobijo, de comodidad, de sí, lo admito, un rincón acogedor. Comprenderlo se me hace sorprendente, por no decir escandaloso. Antes me veía como una especie de bucanero que se enfrentaba a todo el que se me ponía a tiro con un alfanje entre los dientes, pero ahora me veo obligado a reconocer que me engañaba. Esconderme, protegerme, guarecerme, eso es lo único que realmente he querido siempre, amadrigarme en un lugar de calor uterino y quedarme allí encogido, oculto de la indiferente mirada del sol y de la severa erosión del aire. Por eso el pasado supone para mí un refugio, allí voy de buena gana, me froto las manos y me sacudo el frío presente y el frío futuro.

06 marzo 2014

"Kafka", de "Esquizofrénicas o La balada de la lámpara azul" (Leopoldo María Panero).


Leopoldo María Panero, poeta, narrador, ensayista y actor, ha fallecido el 5 de marzo de 2014 en Las Palmas.


Cuando amanece y ya no hay nadie y está solo el cruel despertar
y los ojos se abren una vez más para contemplar el fin del poema, la tumba en que nada hay escrito sino un secreto entre el hombre y el hombre y el cuerpo como un tambor en las sombras como la flor de la ruina
donde los cuerpos hablan y el agrimensor mide la ruina.

31 enero 2014

"Dame ungüento de carne, loba" (Félix Grande).

                                            El poeta, narrador, ensayista y flamencólogo Félix Grande, ha muerto hoy en Madrid a los 76 años.



La prisa despareja con que miro tu piel
la premura apretada con que altero tu cuerpo
y este desasosiego en que empapo mi lengua
para hablarle a tu carne y lamer a tu voz
son como ávidas gotas de estaño compasivo
que busca aminorar las grietas de la muerte

La planta de la edad nos chupa nuestros días
abriéndose como una flor negra, abominable
y en este esplendor de hoy se oculta la simiente
de una desposesión calcinada y perversa
como la del desierto. En el calcio del tacto
hay una lenta caries que nos invade desde
el fin aterrador del tiempo y de la vida

Presuroso y perdido unto en mí tu persona
y soy un bulto de hombre y de loco y de perro
que corre por tu cuerpo y a la vez por un túnel
despavoridamente lamiendo en las tinieblas.

15 enero 2014

Preguntas (Juan Gelman).

Juan Gelman ha fallecido el pasado martes día 14 de enero.


Ya que navegas por mi sangre
y conoces mis límites,
y me despiertas en la mitad del día
para acostarme en tu recuerdo
y eres furia de mi paciencia para mí,
dime qué diablos hago,
por qué te necesito,
quien eres, muda, sola, recorriéndome,
razón de mi pasión,
por qué quiero llenarte solamente de mí,
y abarcarte, acabarte,
mezclarme en tus cabellos
y eres única patria
contra las bestias del olvido.